CAMINOS
Sébado 4 de Febrero de 2012
 
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Entrevistas
 
La alternativa de la educación popular .
Entrevista a Esther Pérez.
Dalia Acosta | IPS

 
Nosotros apostamos a un proyecto social socialista con más participación y capacidad crítica, menos autoritarismo y burocratismo; y sobre todo más capacidad de las personas de ser dueñas de los procesos sociales en que se ven implicados. .





La educación popular se ha establecido en Cuba como una propuesta política y metodológica relevante, en particular para la sociedad civil, aunque su conocimiento aún es reducido en un país donde la enseñanza y las organizaciones sociales mantienen un fuerte vínculo con las estructuras del Estado.
A pesar de que desde los años 60 el intercambio entre esta isla caribeña y el resto de América Latina fue muy intenso, esta concepción pedagógica llegó a Cuba casi tres décadas después de que el brasileño Paulo Freire (1921-1997), su mayor inspirador y principal teórico, publicara su primer libro, titulado "La educación como práctica de libertad".
A Esther Pérez, entonces funcionaria de Casa de las Américas, la institución cubana encargada de las relaciones culturales con el continente, le correspondió coordinar varios encuentros de educadores populares en este país, aunque ignoraba casi por completo el contenido de esa propuesta pedagógica de marcado carácter político.
Pérez decidió trasladarse en 1993 al no gubernamental Centro Memorial Martin Luther King Jr. (CMMLK), donde se consagró durante cerca de tres lustros a desarrollar un programa de educación popular, concebido para formar líderes comunitarios y fomentar una participación más consciente de la sociedad civil en las transformaciones del país.

IPS:- ¿Podría hablarse de una educación popular cubana? ¿Qué la distinguiría de las concepciones existentes en América Latina?
Esther Pérez: -Creo que sí. Por razones históricas y de contexto, tenemos menos presencia de una educación comunitaria, que existe en muchos lugares de América Latina. En general, la educación popular cubana está más vinculada al proyecto histórico, de transformación socialista.
La educación popular cubana está menos formalizada en instituciones. En América Latina existen centros que son referentes. En Cuba predominan los grupos informales. También tiene mucha menos influencia el catolicismo liberador, que en América Latina se expresa en la fuerte imbricación con la Teología de la Liberación, el cristianismo de base y las comunidades eclesiales.
Nosotros tenemos muy claro que estamos apostando a un cambio cultural a largo plazo de la conciencia, de las formas de relación y organización social. Mientras en la educación popular latinoamericana hay más trabajo dirigido a modificar los métodos y el funcionamiento de organizaciones.
Nosotros apostamos a un proyecto social socialista con más participación y capacidad crítica, menos autoritarismo y burocratismo; y sobre todo más capacidad de las personas de ser dueñas de los procesos sociales en que se ven implicados.

- En su libro "Freire entre nosotros" afirma que en la "polvareda" de los años 90 (luego de la caída del socialismo en Europa) la educación popular parecía una alternativa para la izquierda, en particular en Cuba. ¿Qué pasó con la educación popular en esos años? ¿De qué modo contribuyó a la resistencia en las esferas política y cultural?
-Al decir eso me refería fundamentalmente a grupos revolucionarios en Cuba, que en la polvareda de los altares caídos levantaron la vista y encontraron en la educación popular una alternativa para emplear sus fuerzas y su capacidad en la salvación del proyecto cubano.
No hay que magnificar las posibilidades de la educación popular, que es una práctica pedagógica muy vinculada a la política, a las ideas, a las prácticas sociales; pero es sólo una dimensión de esas prácticas. La educación popular no sustituye a la organización política o social.
Las personas que cursaban nuestros talleres en medio de la crisis tenían dos denominadores comunes. Primero, no querían que Cuba fuera capitalista. Cuando avizoraban el futuro, por encima de sus críticas y desacuerdos, su horizonte era una Cuba socialista mejor.
Además, a pesar de ser gente muy disímil, y enfrentada a los problemas de la subsistencia, su realización personal no se agotaba en mejorar su situación de manera individual, sino que pasaba por participar en algún proyecto colectivo.
Creo que hemos hecho una contribución, porque en el momento más espeso de la crisis, cuando las personas llegaban con muchas incertidumbres a nuestros talleres, mantuvimos un lugar de encuentro para compartir esas incertidumbres, pero también certezas, y todos podían ver que era posible encontrar un cauce para sus esfuerzos desde la educación en esa situación tan compleja.

(Solicite trabajo completo a visiones@cubaalamano.net)


 
 
 
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